14 años de edad, muchacho sin camisa

Desde el lunes 18 de septiembre de este año, está desaparecido Hernán Alexander López, de 14 años de edad, quien se quedó solo en casa mientras su mamá María Ayoví acudió a la tienda a ... De un momento a otro apretó el gatillo y le dio un tiro en el pecho al menor de edad. El cuerpo del joven de 17 años quedó tendido boca arriba en medio de la calle sin pavimentar, y a pocos metros de su vivienda. En la madrugada de ayer el vecino empezó a disparar al aire en la invasión Los Sauces. Otra niña na savi de 14 años de edad que estudiaba la secundaria técnica en Metlatónoc, porque en su pueblo, Cochoapa El Grande no hay, regresó un día a ver a sus papás y un muchacho de 19 ... Tenía algo de dinero, no mucho, en el bolsillo y era mi primera vez viajando en bus solo; me sentía infinitamente grande. Era de madrugada, 5:00 AM, no recuerdo bien, y yo acababa de bajarme de la estación de metro y me disponía a caminar hacia el terminal. En eso, este muchacho me intercepta y de forma violenta pone una pistola sobre mí. Lavado suave a máquina. Los conjuntos de ropa simples y elegantes te hacen guapo. Regalo perfecto para tu pequeño hijo. Tejido transpirable, suave y agradable para la piel, con una sensación de comodidad para los niños. un muchacho californiano, con diez y seis años de edad, había adquirido un color de madera bajo el sol del Amazonas. Tenía un corte de pelo hecho por los indios, con una peladura circular afeitada en medio de la cabeza, donde lucía una cicatriz reciente (alto y con facciones angulosas). Descargue la foto de stock Foto de adorable adolescente joven feliz niño mirando a la cámara . sin royalties 174092784 de la colección de millones de fotos, imágenes vectoriales e ilustraciones de stock de alta resolución de Depositphotos. Descargue la foto de stock Foto de chico a la edad de un adolescente rasgado la camisa en el pecho. Muchacho adolescente hacia sin royalties 174092552 de la colección de millones de fotos, imágenes vectoriales e ilustraciones de stock de alta resolución de Depositphotos. Aproximadamente seis semanas después de su doble mastectomía, Sam Moehlig disfruta de la libertad de quitarse la camisa en una fiesta de piscina en la casa de un amigo en San Diego. Lavado suave a máquina. Los conjuntos de ropa simples y elegantes te hacen guapo. Regalo perfecto para tu pequeño hijo. Tejido transpirable, suave y agradable para la piel, con una sensación de comodidad para los niños.

Interludio Purity

2018.06.08 20:47 master_x_2k Interludio Purity

Capítulo Anterior < Indice > Capitulo Siguiente

______________________Interludio Purity______________________

Kayden estaba agachada junto a la cuna, con los brazos cruzados sobre el borde, mirando cómo el pecho de su bebé subía y bajaba. Ella se sentía en paz. Aster era perfecta, impecable, no estaba contaminada por el caos y los males del mundo más allá del departamento y la guardería. Incluso cuando estaba despierta, no era demasiado exigente, rápidamente pasando de alaridos a gemidos tranquilos cuando escuchaba garantías de que la comida, la compañía o un cambio de pañal estaban en camino. No es que ella entendiera, por supuesto, pero confiaba en que su madre la cuidaría. Kayden no podría haber pedido más. Literalmente, no había nada que Aster pudiera hacer, tener o ser que la hiciera mejor de lo que era.
De una manera extraña, Kayden suponía, se refugió en Aster. Encontró un ancla en compañía de su hija, en medio de un mundo en el que tenía pocas esperanzas.
Tomó fuerza de voluntad obligarse a sí misma a alejarse, a alejarse silenciosamente de la guardería y entrecerrar la puerta detrás de ella. Cuando vio a Theo, regordete de quince años, sentado frente a la televisión, se sintió momentáneamente desorientada.
Entonces sintió una punzada de culpa. Se había olvidado del chico, en medio del cuidado de Aster y sus preparativos para la noche.
“Theo, lo siento”, dijo ella. El muchacho había quedado cautivado por los votos finales de un programa de reality show, pero no pensó ni un segundo en silenciar la televisión y prestar toda su atención a Kayden. “He estado tan ocupada, no te he alimentado.”
“Está bien”, respondió Theo, rompiendo el contacto visual. No era así.
“Mira, voy a salir-”
“¿En disfraz?”
“Sí”, respondió Kayden. Trató de leer la expresión en la cara del niño, pero Theo era un muro de piedra. Tenía que serlo, realmente, en donde había crecido.
Resistiendo el impulso de comentar o presionar al chico para que ofreciera algún comentario, crítica o apoyo, Kayden continuó, “Te dejo aquí treinta dólares en la mesa de la cocina. Si deseas usarlo para ordenar delivery, por favor siéntete libre. De lo contrario, saquea mi alacena, mi nevera o usa el dinero para ir a la tienda en el vestíbulo, ¿de acuerdo? Si decides alquilar una película, déjala aquí para que la lleve de vuelta.[1]Es posible que quiera verla.” Kayden sonrió, tratando de fomentar la misma expresión en él.
“Está bien”, dijo Theo, con el rostro inexpresivo. “¿Cuándo vas a estar de vuelta?”
A tiempo para llevarte de vuelta a casa de tu padre, Kayden estuvo a punto de decir. Entonces ella tuvo una idea, “Podría puede que llegue tarde. ¿Estaría bien si pasas la noche? Tendrías que revisar a Aster cada pocas horas. Mantener un oído abierto en caso de que ella llore. Te pagaría la noche completa de niñero.”
Los tiempos en que Theo dejaba que un atisbo de emoción se mostrara eran pocos y distantes. Una sonrisa, genuina, tocó la cara de Theo, y casi rompe el corazón de Kayden en el proceso.
“Me encantaría”, respondió Theo, diciéndolo con honestidad.
“Entonces está arreglado. Lamento interrumpir tu programa”, dijo.
“Está bien”, dijo Theo, solo un toque demasiado rápido. Al parecer no estaba bien, pero nunca lo admitiría. Nunca podría admitirlo. Kayden sintió un destello de odio por el hombre que había erosionado cada gramo de personalidad y asertividad de su hijo. Ella daría la mano derecha por un comentario sarcástico, que girara los ojos o que la ignorara en favor de un programa de televisión.
Tenía que consolarse a sí misma de que al menos le estaba dando a Theo un respiro de una noche de ese hombre. No era suficiente, por supuesto, pero había tan poco que podía hacer. Todo lo que ella podía ofrecer eran pequeñas amabilidades, pequeños gestos de amor y afecto, y la esperanza de que ayudaran. Con eso en mente, Kayden se tomó el tiempo para sacar algunas sábanas y colocar el otro sofá para que Theo se sintiera cómodo cuando terminara de ver la televisión.
Cuando terminó, revisó dos veces el televisor para ver que no estaba interrumpiendo nada, y le dijo a Theo: “Deséame suerte.”
“Buena suerte”, respondió el chico, en un tono que era puro artificio. Las palabras falsas afectaron a Kayden más que si Theo no hubiera dicho nada en absoluto. Esta noche no era la noche para enfrentar ese problema. Ella salió del apartamento, cerrando la puerta detrás de ella. Subió las escaleras hasta el techo y se quitó la bata de baño. La prenda entró en el espacio entre dos jardineras, donde nadie la encontraría a menos que la estuvieran buscando.
Luego dio un paso más allá del borde del techo.
El viento le rasgaba el pelo y soplaba frío contra su cara. Mientras ella se tambaleaba cabeza abajo, viendo solo los destellos de las farolas y los autos debajo de ella, ella esperó. Su edificio de apartamentos tenía quince pisos de altura, lo que le daba menos tiempo del que cabría esperar. Todo lo que tomaría sería un segundo de duda, un error, una momentánea vacilación, y ella golpearía con el suelo.
Aster. Era apropiado que ella pensara en su hija. Ella siempre lo hacía, en estos días, cada vez que saltaba. Se había convertido en un ritual, como si no pudiera ir a limpiar la ciudad si no se recordaba a sí misma por qué lo estaba haciendo.
La energía inundó su cuerpo. Todo el cielo se iluminó con un brillante y cegador destello de luz. Para cuando las manchas desaparecieron de los ojos de la gente en la calle, ella ya se había ido, precipitándose sobre el centro de Brockton Bay, un rastro de luz blanca detrás de ella.
Kayden no usaba una máscara, pero no era necesario. Con sus poderes activos, su cabello castaño y sus ojos se volvían de un blanco radiante, emanando una luz tan brillante que era imposible mirarla directamente. La tela de su traje de alabastro también irradiaba un suave resplandor que se ondulaba como la luz sobre la superficie del agua.
Su rutina habitual era patrullar durante una hora o dos, tener una idea de las cosas, y luego tomar medidas donde ella creía que era más apropiado. Esta noche, sin embargo, estaba frustrada, y ni siquiera había empezado.
Hace un año, había convertido el ABB en un objetivo prioritario. De tres a cinco veces a la semana, ella había llevado a cabo ataques quirúrgicos contra las operaciones de bajo nivel de la banda, interrumpiendo envíos, golpeando a traficantes y matones, atacando sus lugares de negocios y todo el tiempo ella había estado recopilando información. Esa información había dado sus frutos de vez en cuando; se había enfrentado directamente con Lung en no menos de cuatro ocasiones, había encontrado a Oni Lee en dos. En todos menos en uno de esos encuentros, ella los había forzado exitosamente a retirarse, a abandonar lo que sea que estuvieran haciendo en ese momento. Esos eran los buenos días.
Hubo días malos también. La mayoría de las veces, ella hacia énfasis en maltratar a los miembros del nivel más bajo de la pandilla cuando los había derribado, lo suficiente como para hacer que reconsideraran su elección de carrera. Hacer que consideren ir a otra ciudad. En un momento dado, Lung le tendió una trampa y logró devolverle el favor. Le había tomado dos meses recuperarse de todas sus heridas. Otros días, que de alguna manera fueron peores, se encontró luchando por hacer una diferencia, llegando a la comprensión de que no había logrado cambiar las cosas.
Esta semana ha sido una larga serie de esos días malos. Cuando leyó en las noticias que Lung había sido detenido, ella había despejado su agenda. Kayden había tomado sus días de vacaciones y había llamado a Theo para hacer de niñero. Había sido la mejor oportunidad que tenía, pensó, de limpiar el ABB de una vez por todas. Sacar esa escoria de su ciudad, mientras ellos no tienen liderazgo.
Cinco de sus siete días de vacaciones habían pasado, y ella no había logrado nada. Menos que nada. Se estaban volviendo más fuertes.
Rompiendo su ruta de patrulla habitual, se dirigió directamente a la parte norte de la ciudad e investigó los Muelles. Estaba vacío de miembros de ABB, aparte de dos chicas coreanas que estaban tomando un descanso de prostituirse cerca del ferry, hablando con su anciano, gordo y matronal chulo. Kayden resistió el impulso de tomar medidas y huir, se resistió a interrogarlos por información. Ella había hecho eso anoche con un grupo de comerciantes, y logró poco o nada.
El ABB todavía estaba activo. Incluso con su jefe fuera, estaban más organizados de lo que habían estado bajo la influencia de Lung. Pero sus interrogatorios no pudieron obtener detalles sobre por qué. Incluso los brazos y las piernas rotas no habían lastimado o asustado a los matones lo suficiente como para que hablaran sobre lo que estaba pasando.
Esta era la situación, por lo general, en la que Kayden acudía a los informantes en busca de información, resucitaba viejas alianzas y obtenía ayuda para aplastar al ABB antes de que pudiesen recuperar el equilibrio. Ella había perseguido a viejos amigos, contactos y compañeros de equipo hace tres días, y se había sentido frustrada por la falta de respuesta, la falta de entusiasmo. Max, el padre de Theo, tenía la culpa de eso. Tal como ella había dejado a su equipo como una persona más rota de lo que había estado cuando se unió, otros pasaron por la misma experiencia. Con carisma y un gran sentido de la gente, Max había convencido a personas de todo el país para que se unieran a su equipo. Con la misma facilidad, él los había desarmado sin que se dieran cuenta de que lo estaba haciendo. Confianza rota, atormentados por las dudas, paranoicos con respecto a todos menos al hombre que había causado la paranoia en primer lugar, dividieron el equipo. No es que a Max le importara. Siempre había un nuevo suministro de reclutas con espíritu en los ojos listos para reemplazar a cualquiera que se rompiera.
Ahora la mayoría de la pandilla había desaparecido, posiblemente en un gran trabajo, y no tenía idea de dónde. Ella no tenía idea de dónde averiguarlo. Kayden apretó los dientes. Esto no estaba funcionando. Si iba a hacer algún progreso antes de que se acabaran sus vacaciones, tenía que actuar ahora. Hacer un trato con el diablo.
Ella regresó al centro. Era difícil navegar por las calles desde tan alto, incluso si eran caminos a los que ella viajaba a diario como su versión civil. Desde aquí, todos los edificios parecían iguales, con exteriores espejados y tejados de grava. Dos veces, dio vueltas alrededor de los pisos superiores de los edificios equivocados, buscando el logo en el costado del edificio que diferenciaba al edificio de Max de los demás.
La corona negra sobre un fondo rojo y amarillo. Se detuvo cuando lo vio, maldijo por lo bajo. Cuando ella se acercó, ella lo vio, todavía en su oficina. No era tan inusual, había trabajado hasta tarde todas las noches de su matrimonio. Tenía una laptop directamente frente a él, un sándwich en una envoltura de papel a su derecha, y una serie de papeles extendidos sobre el escritorio a su izquierda. Se giró para mirarla cuando ella se acercaba a la ventana, sonrió suavemente.
Maldito sea, era cinco años mayor que ella, con treinta y cinco años, y todavía era el hombre más atractivo que jamás había mirado a los ojos. Incluso las arrugas en las esquinas de sus ojos solo lo hacían más atractivo. Se había quitado la corbata y la chaqueta del traje, y las mangas de su camisa estaban enrolladas hasta la mitad de sus antebrazos, lo que la obligó a notar que todavía estaba entrenando.
Esperó, con las manos cruzadas sobre el estómago, la más leve expresión de diversión en su rostro. Ella sabía que él era capaz de abrir la ventana de su oficina. Estaba esperando que ella pidiera entrar. Era el tipo de pequeña demostración de poder que tanto le gustaba.
En otra noche, ella habría probado su voluntad contra la de él. En vano, por lo general, pero ella lo habría intentado. Probablemente hubiera terminado con ella yéndose volando, dejando en claro que podría prescindir de su ayuda. Esta noche, sin embargo, sintió la frustración de sus “vacaciones” infructuosas y se dispuso a extender la mano y golpear la ventana.
Antes de que pudiera golpear sus nudillos contra ella por segunda vez, hizo clic y se abrió hacia arriba. Ella navegó a su alrededor para abrirse paso. No pareció mover un músculo cuando abrió la ventana. Le gustaba pequeñas demostraciones como esa. Puso un pie en la alfombra de la oficina y dejó que la luz brillaba desde su interior se desvaneciera. Su cabello dejó de agitarse y retorcerse en respuesta a la energía que ondulaba a través de él, quedando flácido y volviéndose marrón. Sus ojos se oscurecieron a su color avellana oscuro. Podía escuchar un clic seguido por el más leve siseo cuando la ventana se cerró lentamente detrás de ella.
“Kayden. Ha pasado un tiempo”, logró saludarla y hacer que pareciera una crítica en el mismo aliento. Dio media vuelta para escribir en su computadora, y las luces de la oficina se ajustaron a un destello de halógeno. Cerró los ojos brevemente y se deleitó con el resplandor, sintiendo que su suministro interno de energía se recargaba.
“Max. Gracias por la luz.”
“¿Asumo que estás bien?”
“Estoy bien.”
“¿Y nuestra hija?”
“Aster está bien”, dijo, con la mayor calma posible, mientras su pulso latía en sus oídos. Ella sabía que realmente no le importaba. Él le estaba haciendo saber que no se había olvidado de Aster, recordándole que él, en cualquier día y en cualquier momento, podría tomar la custodia de su bebé. Él tenía el dinero, tenía los contactos. Ella sería incapaz de detenerlo. Ella recordó mencionar, “Theo la cuidará esta noche.”
“Lo sé. Llamó un poco antes para preguntar si podía pasar la noche. Le dije que estaba bien. Le hará bien pasar tiempo contigo y Aster. Algunas influencias femeninas en su vida.”
Kayden respondió con un brusco asentimiento. Para cualquier otra persona, esta conversación habría sonado perfectamente inocente. Como alguien que había trabajado junto a Max durante diez años y se había estado casada con él por uno, sabía que esto era todo negociación. Estaba dejando claro que le estaba haciendo un favor, y que esperaría una recompensa en algún momento, esta noche o dentro de una semana. Así era él, siempre jugando por el poder, por la ventaja, por el dominio. Todo el tiempo, él lo estaba haciendo de una manera que no podrías enfrentar. Si ella lo señalaba, él jugaría inocente y se vería como la loca, la que estaba equivocada. A veces incluso a sí misma.
“Entonces, ¿qué puedo hacer por ti?”, Se reclinó en su asiento.
“Los ABB carecen de liderazgo. O, al menos, carecen de liderazgo experimentado. Quiero derribarlos antes de que se reagrupen. Para hacer eso, quiero reunir a nuestro antiguo equipo.”
“Y admites que no puedes hacerlo sin mi ayuda.”
“Sí”, le dolió admitir.
“No estoy interesado”, dijo, dando vueltas en su silla para mirar la computadora. Hubo un clic, y la ventana detrás de Kayden comenzó a abrirse nuevamente. A medida que el aire soplaba desde el exterior, un mechón de cabello le atravesó la cara. Ella lo colocó detrás de su oreja.
“He hablado con los demás, pero nadie que haya trabajado para ti está dispuesto a ser el primero en unirse a mí. Algunos dicen que están preocupados de que te ofenderán. Otros simplemente están asustados, o ya se dieron por vencidos. Me preguntan por qué un grupo de sus rechazados lo haría mejor de lo que habían logrado como parte de su equipo. No estoy llegando a ningún lado, y el tiempo se acaba. Todo lo que tomaría sería una palabra de ti, y tendría un equipo de cuatro o cinco personas. Con eso, podría exponer y aplastar al ABB.”
Max se levantó y se sentó en el borde de su escritorio para mirar a Kayden, “No veo que valga la pena el esfuerzo. ¿Qué hay para mi ahí en esto?”
“Para empezar, la ABB se habría ido.”
“Se irán eventualmente. Soy paciente ¿Qué más?”
“No tengo nada más que ofrecerte, Max”, respondió ella. Eso era una mentira, lo sabía… pero lo más cercano que tenía a una moneda de cambio era algo que nunca abandonaría en un millón de años. Nunca Aster.”
“Te quiero a ti. En mi equipo otra vez.”
“No.”
“Serías mi segunda al mando. Hablaría con los antiguos miembros del equipo y les pediría que formaran un grupo aparte que trabajase bajo tus órdenes. Tendrías que verificar conmigo todo lo que haces, pero aparte de eso, serías completamente autónoma. Libre de usar a tu equipo como mejor te parezca.”
Aparte de eso, pensó ella. Como si fuera intrascendente, estar chequeando con él en cada movimiento que ella hiciera. “No estoy de acuerdo con la forma en que haces las cosas. No quiero asociarme contigo.”
Él rió, gutural, profundo, mientras ella permanecía allí en un silencio sepulcral.
“Kayden”, dijo, cuando se detuvo, “Ya estás asociada conmigo. La gente dice nuestros nombres al mismo tiempo, incluso cuando no hemos trabajado juntos en dos años. Cuando mi nombre aparece en los periódicos, el tuyo nunca se queda atrás.”
“Estoy trabajando para cambiar eso.”
“Y trabajarás en contra de esa impresión durante décadas, sin ningún efecto, te lo garantizo.”
Kayden se volvió y miró por la ventana, no queriendo mirar a Max con sus brillantes ojos azules por más tiempo.
Continuó, y ella supo que él estaba sonriendo con aire de suficiencia, incluso sin mirarlo, “Independientemente de nuestros diferentes métodos, siempre compartimos los mismos objetivos. El limpiar este sucio mundo nuestro.”
“Lo haces poniendo drogas en la calle, robando, extorsionando. No puedo estar de acuerdo con eso. Nunca lo hice. No tiene sentido, mejorar las cosas empeorándolas.”
Max sonrió, “Es feo en la superficie, pero es más dinero, más poder, y me da la influencia para realmente afectar las cosas. Las únicas personas a las que lastimé son las mismas personas que causan los problemas en primer lugar.”
Era un estribillo que había oído tantas veces antes. Ella se cruzó de brazos.
Cambió de táctica, “Déjame preguntarte: ¿prefieres hacer las cosas a tu manera, sin cambiar las cosas o preferirías trabajar bajo mis órdenes y hacer una diferencia?”
Estoy haciendo una diferencia”, respondió Kayden, “estoy trabajando para hacer de este mundo un lugar mejor.”
“Por supuesto”, respondió, y ella no perdió el rasgo de condescendencia en su voz, “Dejaste a mi equipo para hacer un buen trabajo, es pura coincidencia que sean criminales negros, marrones o amarillos a los que apuntas.”
Kayden frunció el ceño, “Es difícil de evitar, cuando la única banda notable de blancos es tuya. Algunos viejos amigos y aliados siguen trabajando para ti… No puedo atacarlos, ¿o sí? Estoy trabajando para mejorar nuestra ciudad, pero no voy a golpear a las personas con las que he salido a beber.”
“Y en el proceso, estás haciendo poco para cambiar la idea de que eres parte del Imperio Ochenta y Ocho”, sonrió Max, “es divertido escucharte que intentar justificar tu perspectiva, pero estás ignorando la incómoda verdad. Corta esta basura y dime que no sientes algo diferente cuando miras una cara negra, en comparación con cuando miras una blanca.”
Kayden no tenía una respuesta para eso. Era su culpa, realmente. El jugador de béisbol de la escuela secundaria que le gustaba cuando ella estaba en la escuela media[2] terminó siendo la misma persona que se acercó primero a ella cuando comenzó a salir de traje. Cegada por su buena apariencia y su habilidad con las palabras, había sido persuadida, convencida de su forma de pensar. Ella había tratado de cambiar su punto de vista desde el divorcio, pero había visto mucho en sus diez años como miembro de su equipo. Era imposible mirar la ciudad ahora e ignorar el hecho de que demasiado de lo que lo convertía en un lugar más feo para vivir y criar a un niño podía rastrearse hasta el mismo tipo de personas. Claro, los blancos también tenían criminales, pero al menos eran jodidamente civilizados.
Cuando no hubo respuesta, Max dijo: “Eso es lo que pensé. Sin embargo, nuestros métodos difieren, independientemente de si está dispuesta a admitirlo en voz alta, creo que compartimos una perspectiva muy similar. Mi oferta es esta: déjame demostrar que mis métodos funcionan. Únete a mi equipo, sirve como mi segunda al mando por un año más. La única persona a la que respondes es a mí, y te doy un equipo propio. Puedes elegir a tu propio escuadrón entre nuestros posibles miembros y ex miembros, aunque no puedo garantizar que todas las personas que menciones quiera participar...”
“Max…” Kayden negó con la cabeza.
“La parte final del trato es esto. Si no estás satisfecha con cómo fueron las cosas cuando tu año termina, Imperio Ochenta y Ocho es suyo. Por completo, incluido mi negocio, cada empleado, cada activo, legítimo o no. Me convierto en tu segundo al mando y sigo tus órdenes. Puedes convertir a Imperio Ochenta y Ocho en un esfuerzo humanitario, vender el negocio, convertirnos a todos en superhéroes. No me importa. Si no puedo impresionarte, entonces lo que estoy haciendo simplemente no vale la pena.”
Eso llamó su atención. Años atrás, Kayden probablemente habría aceptado una oferta como esta sin pensarlo dos veces. Estar casada con Max durante once meses, darse cuenta de quien realmente era, le había dado perspectiva y precaución. Ella lo consideró por unos largos momentos, tratando de descubrir el ángulo. Él estaba diciendo la verdad, ella lo sabía. Fuera lo que fuese Max, no rompería su palabra sobre algo como esto.
“¿Está fallando el negocio?”, Preguntó. ¿Ella estaba recibiendo un premio trampa?
“Prosperando. Lo prometo.”
“¿Qué quieres que haga?”
“Lo mismo que hiciste antes. Serías mi peso pesado. Mi agente. Si necesitara que hicieras un ejemplo de alguien, lo harías. La única diferencia entre entonces y ahora es que mi Imperio es más grande. Mejor. Tú y yo podemos tener un mayor impacto.”
Más sangre en mis manos. Cuando el pensamiento cruzó por su mente, miró sus manos enguantadas. Tela blanca prístina, marcada por el resplandor de las luces halógenas. Sabía lo que él estaba haciendo, sabía cuándo decidió venir. Encontraba la debilidad de una persona, la atacaba y la aprovechaba. Sabía que estaba frustrada con sus esfuerzos como agente solitaria, probablemente había planeado esta conversación días o semanas atrás, poniéndola en práctica mentalmente, teniendo una respuesta preparada para todo lo que pudiera decir. ¿Cómo podría competir con eso, cuando rara vez miraba más allá de las próximas veinticuatro horas? Era solo cómo ella era, cómo pensaba.
Probablemente por eso eran tan efectivos como pareja, se vio obligada a admitir.
“Así que te pregunto de nuevo, Kayden, ¿quieres pasar el tiempo sin poder hacerte un nombre por tu cuenta, o estás dispuesta a unirte a mí para cambiar realmente las cosas? Ven conmigo y te garantizo que ganas de una manera u otra.”
Sus ojos se iluminaron, y su cabello comenzó a ponerse blanco desde las raíces hacia afuera. En unos momentos, ella era su alter ego radiante. Purity.[3]
Como en respuesta, tomó un abrecartas y lo sostuvo frente a su pecho. Cuchillas de metal comenzaron a ramificarse desde allí, cada una convirtiéndose en más. Lento al principio, la red de metal rápidamente abarcó su pecho, y luego el resto de su cuerpo. Barras, cuchillas, tubos y láminas del metal encontraron su lugar a su alrededor. Con su poder, ella sabía, él podía hacer brotar el metal de cualquier superficie sólida a su alrededor, incluido el metal que ya había creado. Con la misma facilidad con la que podía arrojar lanzas de hierro de nueve metros de altura desde el suelo o las paredes, creó una armadura finamente trabajada y luego la embelleció con cuchillas y púas. Terminó con una corona desigual de cuchillas.
Extendió un guantelete, lo dejó allí para que lo tomara. Era el gesto más pequeño, nunca hacia un movimiento en el que alguien pudiera rechazarlo, dejarlo plantado, y significaba todo para ella, incluso cuando sospechaba que estaba calculado precisamente por ese efecto.
Perdóname, Aster, pensó ella. Estoy haciendo esto por ti.
[1]¡En el mundo de Worm todavía rentan películas físicas!
[2]La escuela media es entre la primaria y el secundario, la edad varia según el estado, pero es entre los 10 y 14 años, empezando la secundaria entre los 14 o 15 años. Según esto y la edad de Kayden y Max, ellos se conocieron cuando tendrían 13 y 18 años respectivamente.
[3]Purity: Lit. Pureza, alusión tanto a su poder de luz blanca como a la ideología de pureza racial.

Capítulo Anterior < Indice > Capitulo Siguiente

submitted by master_x_2k to Parahumanos [link] [comments]


Conjunto de niños moda Boys Ropa y accesorios para ... - YYW